Cuidadoras No Remuneradas
Una labor feminizada e invisibilizada en la economía chilena
Pilar Viñuela
Datos Clave
Las labores domésticas y de cuidados no remunerados no solo constituyen un pilar imprescindible para el bienestar social, sino que representan una contribución relevante en CHile (Ministerio de Hacienda y ComunidadMujer, 2025)
- Alta feminización del cuidado: El 85% de las personas cuidadoras no remuneradas son mujeres[1] son mujeres, pese a que la población dependiente[2] se distribuye de manera equitativa por género (52% hombres y 48% mujeres) (SES, 2026).
- Concentración en la vulnerabilidad: 77% de las cuidadoras registradas pertenece al 40% más vulnerable[3] según el RSH, limitando drásticamente sus opciones de acceder a apoyos privados pagados (SES, 2026).
- Alto valor económico invisibilizado: El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado[4] aporta el equivalente al 19,2% del PIB nacional, sosteniendo la economía del país sin reconocimiento financiero (Ministerio de Hacienda y ComunidadMujer, 2025).
- Marco de Derechos Humanos: La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH, 2025) consagra el cuidado como un derecho humano autónomo, exigiendo al Estado garantizar las dimensiones de cuidar, ser cuidado y el autocuidado.
1. El Derecho a ser cuidado
El trabajo de cuidados engloba el conjunto de actividades destinadas a garantizar el bienestar biológico, emocional y social de las personas. Abarca desde la atención continua a niños, niñas y adolescentes hasta el acompañamiento especializado de adultos mayores, personas con dependencia severa o moderada y personas con discapacidad o condiciones de salud crónicas.
Históricamente, la economía tradicional ha clasificado estas tareas dentro del ámbito estrictamente privado y familiar, invisibilizándolas en las cuentas nacionales y asumiéndolas como un recurso inagotable de libre disponibilidad. Sin embargo, el análisis económico contemporáneo demuestra que el cuidado es una infraestructura social básica: sin la producción de este bienestar primario, resulta inviable el sostenimiento de la fuerza de trabajo y la dinámica productiva formal.
Sentencia Histórica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH, 2025)
En su Opinión Consultiva emitida en octubre de 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos consagró expresamente el derecho humano al cuidado como un derecho autónomo e interdependiente. Esta jurisprudencia establece que los Estados tienen la obligación tripartita de garantizar:
- El derecho a ser cuidado: en condiciones de dignidad, oportunidad y calidad.
- El derecho a cuidar: de forma libremente elegida, en condiciones justas y sin sufrir pauperización económica o discriminación.
- El derecho al autocuidado: garantizando la salud mental y física de quienes ejercen roles de asistencia.
La efectividad de esta doctrina internacional exige examinar la estructura socioeconómica de los hogares en Chile, donde la provisión de cuidados se mantiene altamente concentrada y desprotegida institucionalmente.
2. Radiografía Demográfica de quién cuida en Chile
Analizamos la caracterización realizada por la Subsecretaría de Evaluación Social (SES, 2026) a partir de la Base de Datos de Personas Cuidadoras y el Registro Social de Hogares, y se observa que la labor de cuidado no remunerado en el país refleja una inequidad estructural que la hemos dividido tres dimensiones que nos parecen clave:
Feminización del cuidado
El 85% de las personas cuidadoras no remuneradas[1] son mujeres. En contraposición, entre las personas que requieren de cuidados[2], la distribución es significativamente más equilibrada, alcanzando un 52% de hombres y un 48% de mujeres.
Concentración en estratos de mayor pobreza
El 77% de las personas cuidadoras registradas pertenece al 40% más vulnerable [3] según el Registro Social de Hogares. La falta de recursos económicos restringe la opción de contratar servicios de apoyo privados, perpetuando el encierro del cuidado en el núcleo familiar.
Impacto en la etapa de mayor productividad
El 31% de las personas cuidadoras se ubica en el tramo de edad entre 30 y 44 años, y dentro de este segmento etario —clave para la consolidación laboral y profesional— el porcentaje de mujeres cuidadoras asciende al 91%.
Asimismo, la caracterización epidemiológica nos muestra que un 37% de quienes demandan cuidados son personas mayores de 60 años. Esta cifra resulta crítica en el contexto del envejecimiento acelerado de la población chilena, donde el segmento de adultos mayores representa ya el 20% del total nacional, incrementando la presión sobre los hogares de menores ingresos.
3. Mercado Laboral y Costos de Oportunidad
Ante la transformación demográfica, empujada por la baja tasa de fecundidad y el envejecimiento de la población, es pertinente preguntarnos por este trabajo invisibilizado y por cómo afecta las decisiones de las mujeres (inserción laboral), familias y sociedad.
Una labor de dedicación exclusiva o prioritaria de cuidados genera severas distorsiones en el mercado laboral formal, puesto que las personas cuidadoras enfrentan barreras que se interponen para ingresar o mantenerse en empleos regulados, los cuales muchas veces ofrecen salarios incompatibles con el salario de reserva (salario mínimo por el cual se está dispuesto a aceptar un empleo) que tienen estas personas —en su mayoría mujeres— para salir del hogar y desprenderse del la labor de cuidados. De este modo, la informalidad se vuelve una alternativa plausible para algunas familias porque, entre otras cosas, les permite contar con mayor flexibilidad horaria.
No obstante, existen costos relevantes para las personas cuidadoras no remuneradas, los que están asociados principalmente a su situación de precarización en el corto y largo plazo:
Algunos efectos económicos:
- ● Inactividad o salida prematura de la fuerza de trabajo: Al asumir tareas de cuidado continuo entre los 30 y 44 años, las mujeres interrumpen sus trayectorias laborales justo en el periodo de mayor acumulación de capital humano y aumentos salariales.
- ● Inserción en la informalidad: Aquellas cuidadoras que necesitan generar ingresos se ven obligadas a aceptar trabajos informales y precarios (pero compatibles con la labor de cuidados que ejercen), caracterizados por la ausencia de contratos, falta de cotizaciones previsionales e inexistencia de seguro de accidentes o salud.
- ● Lagunas previsionales y pobreza en la vejez: La interrupción del flujo de cotizaciones derivado del trabajo no remunerado se traduce en pensiones autofinanciadas insuficientes.
4. El Trabajo No Remunerado y el PIB ¿Podemos saber la contribución al país de este tipo de trabajo?
Para aproximarnos a dimensionar macroeconómicamente de esta labor, el estudio “Estimación del Valor Económico del Trabajo Doméstico y de Cuidados no Remunerados en Chile” elaborado por el Ministerio de Hacienda y ComunidadMujer (2025) utilizó la metodología de costos de reemplazo en la economía formal y nos encauza significativamente en esta dirección:
Corresponde al valor monetario imputado del Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado (TDCNR) en Chile.
Por lo tanto, el trabajo latente que "hace posible que todo lo demás ocurra" (ComunidadMujer, 2025) tiene un valor social y económico determinante y no representa una mera actividad afectiva. Por ello, como insumo básico, insustituible y silencioso sobre el cual opera la totalidad del sistema productivo del país, no debe ser sólo una carga para las mujeres y las familias, sino una materia de política pública en la que se debe seguir avanzando.
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Fuentes y Referencias Bibliográficas
- • Subsecretaría de Evaluación Social - SES (2026). Base de Datos de Personas Cuidadoras y Cartola Hogar del Registro Social de Hogares. Ministerio de Desarrollo Social y Familia, Gobierno de Chile.
- • Corte Interamericana de Derechos Humanos - CIDH (2025). Opinión Consultiva sobre el Derecho al Cuidado y sus Interrelaciones con otros Derechos. San José, Costa Rica.
- • Ministerio de Hacienda & ComunidadMujer (2025). Estimación del Valor Económico del Trabajo Doméstico y de Cuidados no Remunerados en Chile. Santiago, Chile.
- • Organización Internacional del Trabajo - OIT & ONU Mujeres (2023). Los cuidados en el trabajo: Invertir en licencias y servicios de atención. Ginebra.